Carta a la familia de un futbolista

Carta a la familia de un futbolista
mayo 24 11:21 2021

Por: Luisa Fernanda Parrado M.

En una de mis muchas conversaciones del deporte que más mueve fibras en el mundo, un jugador profesional me dijo: “el fútbol no se comenta, el fútbol se polemiza”, y son muchas las veces que me he quedado analizando la veracidad de estas palabras.

Si bien todo en la vida tiene el color de las gafas con que se mira, aún después de muchos años viéndolo, pero sobre todo sintiéndolo; me sigue sorprendiendo la manera en que el balón pie es artífice de sonrisas, lágrimas, nuevos amigos, abrazos a desconocidos y gritos de pulmón. Que la pasión nos hace romantizar los goles al minuto noventa e idolatrar seres humanos que jamás sabrán que existimos.

Es difícil entrenarse no un par de horas sino muchas horas en el día para un trabajo que al final será criticado bajo las pasiones de millones de personas con contextos sociales completamente heterogéneos y perspectivas futbolísticas según sus capacidades humanas.

La gente conoce el futbolista campeón; pero solo su mujer comprende el hombre lleno de aciertos y desaciertos, su madre el niño inundado de miedos y sus amigos el pana que rechaza las fiestas. Muchos jugadores de fútbol no caminan, sino que levitan hasta que llegan a la realidad de su hogar y dejan de ser vistos como figura pública, pasando a ser padres, hermanos, hijos y esposos. Es su capacidad máxima para permitirse ser más humanos que deportistas y recibir más amor que interés.

Antier, en la celebración del campeonato que ganaba el sábado el Atlético de Madrid; Diego Simeone agradecía al plantel y la familia de cada uno de ellos por los esfuerzos en la temporada. Nada fácil es tener un integrante en casa que duerme más por fuera que en su cama. Los chicos se acostumbran a conocer a papá por como corre en la televisión que por cómo desayuna en familia; las mujeres aprenden a no odiar más mujeres por olvidar respetar la pareja del prójimo y terminan entendiendo de forma obligatoria que todas están detrás de las pelotas pero muy pocas inclinadas en el humano que las patea. Mamá, termina siendo el factor más transparente y sensible en esta vida escogida pero no planeada. Es ella quien madrugó todos los fines de semana al entrenamiento del barrio sin saber -ni importarle- si serías profesional o no, solo pensaba en que te divirtieras. Dejó de comprar mercado en casa por comprarte los guayos de tus sueños y una paleta después de entreno. Papá, sin darte cuenta se convirtió en el técnico de tu vida y el barrista de tu nombre.

Es irónico, todos saben quién es el futbolista cuando anota gol o levanta la copa. Pero el resto de temporada, solo la familia conoce al hombre lleno de defectos, de sonrisas, chistes malos y personalidad fuerte. Con razón Alvaro Morata quiere tener hijos de la cantidad de una hinchada, serían los únicos que todavía perdiendo no irán a gritarle ladrón. Cuando millones de pasionales e inconscientes corazones dejan de creer, no queda más opción que creer en uno mismo, pero si todo ese resto te nubló esa esperanza propia, abriendo la puerta de tu casa, vas a encontrar el apoyo infinito ganes o pierdas, la familia de un futbolista.

Esto es para todas aquellas personas que no fueron preparadas a ser sangre de quien, si gana, todos te pedirán su camisa. Pero si pierden, lo insultarán frente a ti sin escrúpulos. Aguante por todas las veces que han dado la vuelta olímpica y se han vuelto parte fundamental de procesos. Sabiduría por las ocasiones en que reciben amenazas sin ser ustedes los protagonistas de la historia, pero si los más influyentes en la novela. Y mucho amor, porque cuando a la hinchada le desaparece y al jugador le falta, es cuando a ustedes más les debe sobrar, familia.

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