El fútbol después del coronavirus

El fútbol después del coronavirus
mayo 14 16:30 2020

Por: Jorge Andrés Ceballos T.

Lo menos importante del fútbol después del coronavirus es saber si el club del que soy hincha se para tácticamente con un 4-4-2  o que le gane al clásico rival, son temas que pasan a un segundo plano si pensamos en que tal vez en las tribunas no va a estar el jugador número 12 o que ya no va a estar la música del fútbol representada en los hinchas, si pensamos en que el más fraternal de los abrazos quizá desaparezca y que en ese orden de ideas, por salvaguardar y cumplir con protocolos de autoridades, ya ni siquiera pueda salir de nuestras bocas el grito de desahogo más importante que un aficionado pueda dar.

El coronavirus ha llegado para darle una mano (¡y que mano!) a la Conmebol y a sus dirigentes que, sentados en una mesa de juntas, están jugando al fútbol con trajes elegantes y pensando en cómo explotar y sacar réditos económicos a la pelota, que desprovista ya de todas sus defensas, se ha visto mancillada y rendida a los pies de las personas equivocadas. Si antes la fiesta de las tribunas se había empezado a manipular por los dirigentes, que en su vida habrán pateado un balón y por la concepción errónea de que en Europa todo es mejor, imponiendo medidas que arrastraban al pueblo futbolero latinoamericano a algo que por cultura y por genes no es, hablo de medidas como la prohibición absurda de entrar “trapos” en certámenes internacionales, de no llevar banderas, de ver los partidos sentaditos y sin putear al rival, de eso podemos pasar ahora a un escenario aún más apocalíptico y que esta vez por fuerza mayor nos tocará aceptar y que van a hacer que el fútbol sea cada vez menos del pueblo, de sus dueños originarios.

La pelota no está siendo amenazada solamente por la pandemia que nos aqueja, la pelota viene enferma de antes, viene pidiendo a gritos que aparezca otro mago con los huevos de Diego para volver al potrero, para denunciar los atropellos de los que ha sido víctima, al fútbol le han venido robando la alegría de a poco, para convertirlo en una portentonsa máquina de hacer dinero y así lo han entendido algunos futbolistas que han sabido sucumbir a las jugosas ofertas económicas y han perdido de vista aquel sueño que de niños tenían que era jugar para divertirse, que se han olvidado de lo afortunados que son por estar haciendo lo que millones de personas en el mundo quisieran hacer.

Después del coronavirus como es de esperarse van a cambiar muchas cosas, dentro de ellas el fútbol, pues cambian los tiempos y cambiarán las formas y la pelota no es ajeno a esto; sin embargo, y como dice Girondo “la esperanza dispone de tantos terrenos baldíos” que cuando todo esto pase no me quiero imaginar un estadio sin gritos de gol, sin abrazos en la tribuna, mi esperanza es que devuelvan el fútbol al potrero, al pueblo, mi esperanza es que cuando todo acabe no existan más jugadores que se nieguen a gritar un gol, que existan topes salariales y no se paguen cifras tan altas, que regrese la magia y las ganas de jugar al fútbol por sacarle una sonrisa a la pecosa y por entregarse a un pueblo que disfruta enteramente de una pelota rodando, porque está bien, podemos vivir sin fútbol, pero la vida sin fútbol sería un completo error.

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